Filipinas: Ayudando a la gente en medio del conflicto en Mindanao

Médicos Sin Fronteras realiza sesiones de juego con los niños como parte de sus actividades de salud mental y apoyo psicosocial. ©MSF

La crisis que se desató ha provocado 360.000 desplazados y fuertes enfrentamientos en 5 meses, no tiene precedente. Ha dejado a la región de Mindanao con nuevas y duraderas necesidades humanitarias.

Por la Dra. Natasha Reyes, gestora de apoyo a la respuesta de emergencia de MSF
 
Fotografía de la Dra. Natasha Reyes, gestora de apoyo a la respuesta de emergencia de Médicos Sin Fronteras. ©Nacho Hernandez
 
“La primera sorpresa fue la magnitud del ataque de un grupo combatientes, simpatizantes del grupo Estado Islámico, en la ciudad de Marawi, en Filipinas. 
 
La crisis que se desató ha provocado 360,000 desplazados y fuertes enfrentamientos en cinco meses, no tiene precedente. Ha dejado a la región de Mindanao con nuevas y duraderas necesidades humanitarias.
 
Al ser una gestora de apoyo a la respuesta emergencia con MSF, la evolución del conflicto en Mindanao siempre ha estado en mi radar, incluso después del tratado de paz firmado por el Frente Islámico de Liberación Mora en 2014, tras más de 50 años de guerra civil. Desde entonces solemos leer reportes de otros grupos armados que tienen contacto con el Estado Islámico, pero siempre había sido una especie de preocupación abstracta. 
 
Desde que viajé a Mindanao para comenzar la respuesta de emergencia, gran parte de la población local me dijo lo mismo. Muy pocas personas imaginaban que la ciudad sería tomada súbitamente por cientos de combatientes que ya se encontraban en la ciudad con armas y suministros para varios meses. El ejército sigue desalojando a los insurgentes, no esperábamos que las ruinas de Marawi mostraran los cuerpos de combatientes militantes de Chechenia, Malasia, Singapour y Yemen (de acuerdo con las autoridades).  
 
De los cientos de miles que escaparon de los enfrentamientos, sólo 1 de cada 10 están viviendo en campos para evacuados gestionados por el gobierno. 
 
Actualmente apoyamos a miles de personas que han huido hacia la ciudad de Iligan, que se localiza a unos 30 kilómetros al norte de Marawi. Algunos están quedándose con su familia y amigos, otros en bodegas, garajes, escuelas y mezquitas. En una de las casas que visitamos vivían 80 integrantes de una familia. Aunque sus necesidades médicas no sean siempre graves tienen necesidades de otro tipo. Se han convertido en personas internamente desplazadas, han tenido que hacerse a la idea de que su fecha de regreso a casa está mucho más lejos de lo que ellos pensaban.
 
En una de las comunidades en las que trabajamos hay unas 120 familias que viven en una escuela abandonada. Están hacinados en los salones sin privacidad ni electricidad, así que las noches son especialmente difíciles. Conseguían su agua de una toma de agua en el jardín que está conectada a la pipa del vecino. Muchos compran agua embotellada, y lo seguirán haciendo hasta que les sea posible hacerlo. 
 

 
En otro lugar nos encontramos con un grupo de 17 familias que vivían en un garage y dormían en camiones. Hay asentamientos más organizados cuando el contexto lo permite. Por ejemplo, en un área encontramos una madrasa (una institución educativa) que hacía todo lo que podía para cubrir las necesidades de unas 200 familias. Pero incluso ahí había muchos desafíos, especialmente el agua y saneamiento.
 
La primera parte de la respuesta de MSF es asegurarse de que las personas tengan a acceso gratuito al agua potable. Distribuimos bidones y tabletas para purificar el agua, reparamos tuberías y sanitarios, instalamos duchas y construimos reservas en las que las comunidades pueden almacenar el agua. 
 
Nuestra otra prioridad es el apoyo en salud mental. Cuando las primeras personas comenzaron a huir se preocupaban de sus necesidades inmediatas: agua, comida, y lo que harían sus hijos. Ahora están más establecidos y se ajustan a una situación que está fuera de su control. Nuestros consejeros intentan mantenerlos enfocados en aquellas cosas que sí pueden controlar: sus propias habilidades, sus lazos familiares y su vida en esta nueva y temporal –aunque prolongada– comunidad. 
 
También organizamos actividades psicosociales para los niños. Ver a los niños jugar a ser soldados es preocupante. El estrés de sus padres también los afecta, así que nuestros equipos realizan terapias para hacerlos sentir como niños otra vez. También tenemos sesiones individuales para los adultos y niños que lo necesitan. 
 
El asesoramiento y el agua sólo ayudan provisionalmente a estas comunidades, y si bien Marawi ha salido de las noticias internacionales, las necesidades de la población seguirán aumentando y prolongándose. Como podrías esperar de una situación tan cambiante, la respuesta humanitaria en general es desigual entre las zonas, y algunos lugares son de difícil acceso. Aunque las autoridades y las ONG han intervenido, ninguno de nosotros esperaba que nos quedaríamos tanto tiempo. Lo único que podemos hacer es mantener a nuestros equipos cerca de las comunidades y esperar llegar hasta otras más conforme vaya mejorando la situación de seguridad.»

 

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